Extraño nombre, ¿no les parece?. Seguramente me encontraran loca pero a pesar de que esto puede tener algo de verdad, es una paradoja que a la larga nos hará bien..
Si hay una ilusión en nuestras vidas en este mundo moderno, es que le ganamos al dolor, es como si lo hubiéramos engañado y pareciera que con los medicamentos, con el trabajo y con el ruido estamos constantemente arrancando de él y hemos llegado a sentir que tomar contacto con él es algo negativo y que por lo tanto debe durar muy poco tiempo.
Quizás por eso arrancamos todo el rato de los malos momentos y apuramos tanto a la gente para que este mal el menor tiempo posible. A lo mejor no sabemos qué hacer y qué decir y por eso las penas y los dolores en general cada vez se toleran menos.
El otro día una señora me decía que no toleraba ni cinco minutos un dolor de cabeza y que si no tenia remedios en su casa, salía a comprar para no estar incomoda. ¿Qué nos pasa frente a la incomodidad, que ya no la toleramos nada?
A mí me parece maravilloso que existan cosas que alivien el dolor, este no es un planteamiento masoquista, muy por el contrario, pero creo que debiéramos de revisar que nos pasa frente a las dificultades y las formas que hemos inventado para literalmente arrancar de las situaciones difíciles sin ni siquiera colocarnos a pensar cuál era la lección y el aprendizaje que nos traía escondida.
El dolor, cualquiera sea la forma en la que llega, es una encomienda que aparece en nuestras casas sin haberlo pedido y que frente a ella tenemos dos posibilidades, una es tirarla sin abrirla y hacer todo lo posible por arrancar de ella y la otra es atreverse desde la pena y desde el miedo a abrirla para descubrir cuáles son los regalos que nos trae y por lo tanto abrirnos a la maravillosa experiencia de poder crecer a través de ella.
Por eso el dolor es una invitación a un proceso de transformación que no todos y que no siempre la gente quiere tomar. El tema parece ser que mientras más rápido nos decidimos a abrir la encomienda y más rápido tenemos la humildad de colocarnos a su servicio más rápido cede y se retira de nuestras vidas, donde incluso puede ocurrir que terminemos por agradecer lo que nos ocurrió.
Negarlo, apurarse, no hablar de él, hacernos los tontos parece ser el inicio de un camino que nos llevará a la rabia y posiblemente según marcan los estudios a enfermarnos del alma y del cuerpo de todas maneras.
En realidad “Bienvenido Dolor” es el nombre de mi nuevo libro en el que uno camina por senderos que muestran una investigación de la felicidad en América Latina, y otros senderos que nos llevan por el camino del dolor, de la perdidas, de la muerte y del cáncer como dos caras de una misma moneda que se llama vida y que por lo hedonistas y buscadores de placeres que estamos solo queremos caminar por uno de ellos y el otro simplemente es negado desde el mismo lenguaje.
Sin embargo a pesar de que escribir este libro no fue una tarea fácil porque el año 2011 para mí y para mi país no fue sencillo, “Bienvenido Dolor” es un libro optimista, realista y por sobre todo dulce, si, dulce que invita a la ternura con nosotros mismos y nos deja de colocar en un rol de perfección tan falso como la vida misma.
Quiero invitarlos a recorrer el camino del dolor, con dulzura y sin miedo y aunque parezca fácil decirlo, es más difícil jugar el juego de hacernos los fuertes cuando no lo somos que mirar el dolor como una de las fuentes más importantes e inevitables de aprendizaje que necesitamos tener los seres humanos. Es como decimos las madres al parir, “bienvenido dolor” si a través de él tenemos vida nueva.
Si hay una ilusión en nuestras vidas en este mundo moderno, es que le ganamos al dolor, es como si lo hubiéramos engañado y pareciera que con los medicamentos, con el trabajo y con el ruido estamos constantemente arrancando de él y hemos llegado a sentir que tomar contacto con él es algo negativo y que por lo tanto debe durar muy poco tiempo.
Quizás por eso arrancamos todo el rato de los malos momentos y apuramos tanto a la gente para que este mal el menor tiempo posible. A lo mejor no sabemos qué hacer y qué decir y por eso las penas y los dolores en general cada vez se toleran menos.
El otro día una señora me decía que no toleraba ni cinco minutos un dolor de cabeza y que si no tenia remedios en su casa, salía a comprar para no estar incomoda. ¿Qué nos pasa frente a la incomodidad, que ya no la toleramos nada?
A mí me parece maravilloso que existan cosas que alivien el dolor, este no es un planteamiento masoquista, muy por el contrario, pero creo que debiéramos de revisar que nos pasa frente a las dificultades y las formas que hemos inventado para literalmente arrancar de las situaciones difíciles sin ni siquiera colocarnos a pensar cuál era la lección y el aprendizaje que nos traía escondida.
El dolor, cualquiera sea la forma en la que llega, es una encomienda que aparece en nuestras casas sin haberlo pedido y que frente a ella tenemos dos posibilidades, una es tirarla sin abrirla y hacer todo lo posible por arrancar de ella y la otra es atreverse desde la pena y desde el miedo a abrirla para descubrir cuáles son los regalos que nos trae y por lo tanto abrirnos a la maravillosa experiencia de poder crecer a través de ella.
Por eso el dolor es una invitación a un proceso de transformación que no todos y que no siempre la gente quiere tomar. El tema parece ser que mientras más rápido nos decidimos a abrir la encomienda y más rápido tenemos la humildad de colocarnos a su servicio más rápido cede y se retira de nuestras vidas, donde incluso puede ocurrir que terminemos por agradecer lo que nos ocurrió.
Negarlo, apurarse, no hablar de él, hacernos los tontos parece ser el inicio de un camino que nos llevará a la rabia y posiblemente según marcan los estudios a enfermarnos del alma y del cuerpo de todas maneras.
En realidad “Bienvenido Dolor” es el nombre de mi nuevo libro en el que uno camina por senderos que muestran una investigación de la felicidad en América Latina, y otros senderos que nos llevan por el camino del dolor, de la perdidas, de la muerte y del cáncer como dos caras de una misma moneda que se llama vida y que por lo hedonistas y buscadores de placeres que estamos solo queremos caminar por uno de ellos y el otro simplemente es negado desde el mismo lenguaje.
Sin embargo a pesar de que escribir este libro no fue una tarea fácil porque el año 2011 para mí y para mi país no fue sencillo, “Bienvenido Dolor” es un libro optimista, realista y por sobre todo dulce, si, dulce que invita a la ternura con nosotros mismos y nos deja de colocar en un rol de perfección tan falso como la vida misma.
Quiero invitarlos a recorrer el camino del dolor, con dulzura y sin miedo y aunque parezca fácil decirlo, es más difícil jugar el juego de hacernos los fuertes cuando no lo somos que mirar el dolor como una de las fuentes más importantes e inevitables de aprendizaje que necesitamos tener los seres humanos. Es como decimos las madres al parir, “bienvenido dolor” si a través de él tenemos vida nueva.
Pilar Sordo (publicado en Animo de mujer)
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Lecciones de Seducción, Pilar Sordo
Lecciones de seducción.
(Nuevo libro de Pilar Sordo Bienvenido Dolor)
Me gustaría conocer su opinión de este libro que nos entrega lecciones concretas para explorar la seducción, principalmente, la autoseducción. La anécdota del conjunto de lencería con que se inicia el libro es cierta. En sus viajes a Colombia y otros países de Centroamérica se sorprendió con el hecho de que las mujeres se preocuparan de usar ropa interior del mismo color y de bellos modelos.
Y este singular hecho la hizo reflexionar sobre lo incómoda que se sentía frente al concepto ‘seducción’ que flota en el ambiente, muy vinculado a la belleza corporal y al dinero y por lo tanto, restrictivo porque deja a casi el 90% de la población fuera del tema.
Pilar Sordo se convenció entonces de que la seducción se había reducido a lo burdo, al caño, como dice, y se había alejado de lo misterioso. Y de ahí a escribir “Lecciones de seducción” de editorial Norma;un paso, su cuarto libro que ya se empina en la lista de los best sellers.
La obra comprende 12 lecciones de seducción concretas para poner en práctica durante cada mes del año, pero claramente, el proceso se puede apurar. Y cada capítulo tiene tareas específicas que nos llevan a reflexionar o accionar en un sentido.
Para Pilar Sordo el tema es vital porque no deja de ser paradójico que una persona se siente segura para seducir cuando está bronceada por el sol del verano, en vez de hacerlo, los 365 días del mes usando el encanto o el humor.
Quería rescatarlo (la seducción) para todos”, sentencia. Para la psicóloga el punto de inicio de todo es no sentir que el seducir tiene que ver con otros, sino que con uno y por eso vincula estrechamente el término seducción con el de autocuidado, autoseducción y autocariño.“La seducción de otros es una consecuencia y esto tiene que ver más con el hecho de que las seducción genera cierto magnetismo, termina vinculado al liderazgo”, afirma.
Y aquí hay un tema que las mujeres deben tomar en cuenta. La carga social las ha hecho asimilar en forma consciente o inconsciente que la mujer que seduce es una mujer mala y la otra, la conservadora, una mujer buena. No en vano es común escuchar y ver que los jóvenes piensan en la mujer con la que se casarán y será la madre de sus hijos como la buena y las para entretenerse, como la mala.
“El concepto de las dos mujeres en los hombres lo instala una mujer, su madre”, agrega. Pilar Sordo asegura que las mujeres tienden a sacar a una u otra según el momento y lo importante es integrarlas permanentemente. “Hay que ir a buscar a la que se dejó botada y eso puede ser facilitado por el hombre que se tiene al lado”, aclara.
La especialista señala que efectivamente hay un tema social detrás de esta división, pero esto es más bien un arquetipo que se repite en muchos países y tiene su origen casi bíblico, es como cuando se contrapone la imagen de María con la de María Magdalena.
Las mujeres no tienen claro cuáles son los costos que pagan por tener disociada a estas dos mujeres, porque a la larga, en algún momento de su vida va a tener que ir a buscar a la que dejó botada”.
En el libro asegura que hoy, un grupo de mujeres, sienten más libertad para vivir a estas dos mujeres, pero son marginales, porque, al contrario, la gran mayoría de las mujeres llevan muchos años en pareja y el hombre se inseguriza frente a la aparición de la mala, comienza a temer que sus actuaciones seductoras puedan derivar en una infidelidad.
Otro tema que se vuelve relevante, apunta en el texto, es que las mujeres no seducen –considerando temas tan básicos como el conjunto de lencería- porque perciben que los hombres leen siempre ello como una señal para ‘tener sexo’.
Esto pesa mucho. Hay un montón de mujeres que no van a jugar al autocuidado por miedo a cómo serán evaluadas. Para no mandarle un mensaje al hombre que lea ‘quiero sexo’, prefieren no ponerse el calzón bonito... Hay que sacarle el peso sexual a la ropa interior”, sentencia.
María José Errázuriz L.
Comparte tus pensamientos con los comentarios que otras lectoras han dejado.
Mas de Pilar Sordo: No Quiero Crecer, Viva la Diferencia
Nuevo concepto COACHINGNANDO una serie de sesiones de cocina y coaching que estan revolucionando el medio
Quizás te interesen estos artículos, bajo la etiqueta "Ayuda para Padres" podrás leer entre otros temas: "Los seis trucos que usan los adolescentes para pedir permiso"; Bullying: ¿Què hacer cuando su hijo es el Matón de la clase"?; Una reunion de apoderados y el Bullying,"Como conversar de la pubertad con nuestros hijos", entre otros.8 claves para padres a la hora de dar permiso a adolescentes.
IMPERDIBLE..La educacion actual segun el caricaturista Argentino QUINO
(Nuevo libro de Pilar Sordo Bienvenido Dolor)
Me gustaría conocer su opinión de este libro que nos entrega lecciones concretas para explorar la seducción, principalmente, la autoseducción. La anécdota del conjunto de lencería con que se inicia el libro es cierta. En sus viajes a Colombia y otros países de Centroamérica se sorprendió con el hecho de que las mujeres se preocuparan de usar ropa interior del mismo color y de bellos modelos.
Y este singular hecho la hizo reflexionar sobre lo incómoda que se sentía frente al concepto ‘seducción’ que flota en el ambiente, muy vinculado a la belleza corporal y al dinero y por lo tanto, restrictivo porque deja a casi el 90% de la población fuera del tema.
Pilar Sordo se convenció entonces de que la seducción se había reducido a lo burdo, al caño, como dice, y se había alejado de lo misterioso. Y de ahí a escribir “Lecciones de seducción” de editorial Norma;un paso, su cuarto libro que ya se empina en la lista de los best sellers.
La obra comprende 12 lecciones de seducción concretas para poner en práctica durante cada mes del año, pero claramente, el proceso se puede apurar. Y cada capítulo tiene tareas específicas que nos llevan a reflexionar o accionar en un sentido.
Para Pilar Sordo el tema es vital porque no deja de ser paradójico que una persona se siente segura para seducir cuando está bronceada por el sol del verano, en vez de hacerlo, los 365 días del mes usando el encanto o el humor.
Quería rescatarlo (la seducción) para todos”, sentencia. Para la psicóloga el punto de inicio de todo es no sentir que el seducir tiene que ver con otros, sino que con uno y por eso vincula estrechamente el término seducción con el de autocuidado, autoseducción y autocariño.“La seducción de otros es una consecuencia y esto tiene que ver más con el hecho de que las seducción genera cierto magnetismo, termina vinculado al liderazgo”, afirma.
Y aquí hay un tema que las mujeres deben tomar en cuenta. La carga social las ha hecho asimilar en forma consciente o inconsciente que la mujer que seduce es una mujer mala y la otra, la conservadora, una mujer buena. No en vano es común escuchar y ver que los jóvenes piensan en la mujer con la que se casarán y será la madre de sus hijos como la buena y las para entretenerse, como la mala.
“El concepto de las dos mujeres en los hombres lo instala una mujer, su madre”, agrega. Pilar Sordo asegura que las mujeres tienden a sacar a una u otra según el momento y lo importante es integrarlas permanentemente. “Hay que ir a buscar a la que se dejó botada y eso puede ser facilitado por el hombre que se tiene al lado”, aclara.
La especialista señala que efectivamente hay un tema social detrás de esta división, pero esto es más bien un arquetipo que se repite en muchos países y tiene su origen casi bíblico, es como cuando se contrapone la imagen de María con la de María Magdalena.
Las mujeres no tienen claro cuáles son los costos que pagan por tener disociada a estas dos mujeres, porque a la larga, en algún momento de su vida va a tener que ir a buscar a la que dejó botada”.
En el libro asegura que hoy, un grupo de mujeres, sienten más libertad para vivir a estas dos mujeres, pero son marginales, porque, al contrario, la gran mayoría de las mujeres llevan muchos años en pareja y el hombre se inseguriza frente a la aparición de la mala, comienza a temer que sus actuaciones seductoras puedan derivar en una infidelidad.
Otro tema que se vuelve relevante, apunta en el texto, es que las mujeres no seducen –considerando temas tan básicos como el conjunto de lencería- porque perciben que los hombres leen siempre ello como una señal para ‘tener sexo’.
Esto pesa mucho. Hay un montón de mujeres que no van a jugar al autocuidado por miedo a cómo serán evaluadas. Para no mandarle un mensaje al hombre que lea ‘quiero sexo’, prefieren no ponerse el calzón bonito... Hay que sacarle el peso sexual a la ropa interior”, sentencia.
María José Errázuriz L.
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Pilar Sordo, Coco Legrand !Viva la Diferencia¡
(Nuevo libro de Pilar Sordo Bienvenido Dolor)
OTRA ESCARAMUZA EN LA GUERRA DE LOS SEXOS
Podría ser uno más de los textos que atiborran las tiendas con estudios sobre las diferencias entre hombres y mujeres, salvo que el libro de Pilar Sordo, “¡Viva la diferencia!”, destila un notable sentido del humor, y las descripciones de nuestras mañas parecen la plataforma ideal para la rutina de un cómico criollo. Y justamente eso fue lo que ocurrió.
No puede haber una promoción de libro más soñada que la que recibió la sicóloga Pilar Sordo: el más grande humorista chileno menciona su nombre en el Festival de Viña, con el público rendido a sus pies y con una altísima audiencia televisiva. Es como para vender el alma por una oportunidad similar. Y no fue una sola vez y al pasar, pues Coco Legrand habló de su libro y citó capítulos en extenso como parte de su rutina humorística.
Naturalmente, en el pobre y voluble mercado de libros nacional, ello fue suficiente como para que “¡Viva la diferencia!” (Editorial Norma) saltara del anonimato a los primeros lugares del ranking de ventas por varias semanas. Es el paraíso.
Tampoco es azaroso que el maestro Legrand se haya acordado hoy de este volumen. Desde sus inicios el comediante ha basado sus espectáculos en la relación entre hombre y mujer, en la observación jocosa de los comportamientos y sus diferencias. Ya es un patrón nacional, muy imitado, la voz con que el Coco apela a una incierta esposa llena de manías y coartadora de sus ansias libertarias.
Al leer el libro de Pilar Sordo, a ratos parece un largo apunte de Coco Legrand, incluso nos causa risa al imaginarnos al cómico recitando los párrafos como parte de sus afamados monólogos. Por ejemplo, en el capítulo que Legrand citó en la Quinta Vergara – aquel de que los hombres “sueltan” y las mujeres “retienen” – la autora sostiene que “el 70% de las mujeres adultas encuestadas no cerraban totalmente la puerta del baño, esto debido a la costumbre de pensar que podría ser requerida para algo”.
Sin duda, el señor Coco Legrand leyó con detención el libro, y parece que lo memorizó o tomó apuntes de sus páginas. A poco andar, el trabajo de la sicóloga, por muy académica que haya sido su intención, se asemeja a un largo guión para comedia contemporánea sobre las relaciones de pareja, o la manida y vieja guerra de los sexos. Qué le parece este parlamento: “con el retener tienen también mucha relación conductas propias de nuestra vida cotidiana (para las mujeres), tales como guardar alimentos en el refrigerador pensando que los podremos volver a utilizar; no botar los papeles de las carteras o traerlas siempre llenas de cosas ‘por si acaso’, guardar cosas en las ropas o dentro de nuestros closets también por si acaso…” El truco está en que dichos parlamentos adquieren gracia, se transforman en comedia, sólo por la habilidad única del rey Midas Coco Legrand. Ningún otro humorista podría conseguir tal prodigio.
“¡Viva la diferencia!” es la concreción de un largo trabajo de la autora sobre las cualidades que nos distinguen a hombres y mujeres en todas las edades. Y en tal sentido se emparenta con una serie de libros que pretenden entregar las claves secretas para una mejor convivencia entre los géneros, como aquel de que las mujeres son de Venus y los hombres vaya uno a saber. En todos, incluido el de Pilar Sordo, abundan las obviedades y las vagas especulaciones, tanto que cualquier comentario machista de un grupo de amigos, en el bar el viernes por la noche, puede entenderse como un estudio cualitativo del comportamiento humano. Las mujeres son lloronas, las mujeres son malas conductoras, las mujeres no comprenden a los hombres. En el otro lado del espejo, en una mesa contigua en el mismo bar, las chiquillas emancipadas enarbolarán sesudas teorías para estigmatizar a sus adversarios: los hombres son animales, los hombres son bebés crecidos, los hombres no comprenden a las mujeres.
Y ahí tiene usted material para un nuevo libro. Considere además que existe un público amplio dispuesto a creer en sus conclusiones, e inclinarse hacia aquel título en una librería. De seguro no habrá sido la intención de la autora, pero la lectura de su texto nos remite a una concepción machista de la sociedad, en que la mujer – por ser tratada como un ser más sensible, más etéreo y “mágico” – queda en una posición inferior, disminuida con respecto al hombre.
Sin restarle mérito al libro ni al estudio de Pilar Sordo, cualquier intento de establecer rasgos distintivos entre hombres y mujeres, suele reducirse a generalidades que pueden ser tan valederas como disparatadas. El mismo subtítulo del volumen, “La magia en el ser mujer, la realidad en el ser hombre”, que es parte fundamental de la argumentación de la profesional, puede entenderse como una tremenda injusticia a las mujeres que sí son realistas y a los hombres soñadores y embriagados con la magia.
Sin embargo, se lee, y bien. Porque se aprecia un gran sentido del humor, una aguda observación de las conductas, obsesiones y manías de ambos sexos y porque la autora sabe que en estas páginas sólo hay una aproximación a las armas en la guerra de los sexos. Es decir, y volvemos al principio, el mejor futuro que se vislumbra para Pilar Sordo es la de una notable guionista de Coco Legrand o cualquier otro comediante que pueda interpretarla con habilidad. Aunque este último todavía no nace.
Mas de Pilar Sordo: Lecciones de seduccion, No Quiero Crecer.
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OTRA ESCARAMUZA EN LA GUERRA DE LOS SEXOS
Podría ser uno más de los textos que atiborran las tiendas con estudios sobre las diferencias entre hombres y mujeres, salvo que el libro de Pilar Sordo, “¡Viva la diferencia!”, destila un notable sentido del humor, y las descripciones de nuestras mañas parecen la plataforma ideal para la rutina de un cómico criollo. Y justamente eso fue lo que ocurrió.
No puede haber una promoción de libro más soñada que la que recibió la sicóloga Pilar Sordo: el más grande humorista chileno menciona su nombre en el Festival de Viña, con el público rendido a sus pies y con una altísima audiencia televisiva. Es como para vender el alma por una oportunidad similar. Y no fue una sola vez y al pasar, pues Coco Legrand habló de su libro y citó capítulos en extenso como parte de su rutina humorística.
Naturalmente, en el pobre y voluble mercado de libros nacional, ello fue suficiente como para que “¡Viva la diferencia!” (Editorial Norma) saltara del anonimato a los primeros lugares del ranking de ventas por varias semanas. Es el paraíso.
Tampoco es azaroso que el maestro Legrand se haya acordado hoy de este volumen. Desde sus inicios el comediante ha basado sus espectáculos en la relación entre hombre y mujer, en la observación jocosa de los comportamientos y sus diferencias. Ya es un patrón nacional, muy imitado, la voz con que el Coco apela a una incierta esposa llena de manías y coartadora de sus ansias libertarias.
Al leer el libro de Pilar Sordo, a ratos parece un largo apunte de Coco Legrand, incluso nos causa risa al imaginarnos al cómico recitando los párrafos como parte de sus afamados monólogos. Por ejemplo, en el capítulo que Legrand citó en la Quinta Vergara – aquel de que los hombres “sueltan” y las mujeres “retienen” – la autora sostiene que “el 70% de las mujeres adultas encuestadas no cerraban totalmente la puerta del baño, esto debido a la costumbre de pensar que podría ser requerida para algo”.
Sin duda, el señor Coco Legrand leyó con detención el libro, y parece que lo memorizó o tomó apuntes de sus páginas. A poco andar, el trabajo de la sicóloga, por muy académica que haya sido su intención, se asemeja a un largo guión para comedia contemporánea sobre las relaciones de pareja, o la manida y vieja guerra de los sexos. Qué le parece este parlamento: “con el retener tienen también mucha relación conductas propias de nuestra vida cotidiana (para las mujeres), tales como guardar alimentos en el refrigerador pensando que los podremos volver a utilizar; no botar los papeles de las carteras o traerlas siempre llenas de cosas ‘por si acaso’, guardar cosas en las ropas o dentro de nuestros closets también por si acaso…” El truco está en que dichos parlamentos adquieren gracia, se transforman en comedia, sólo por la habilidad única del rey Midas Coco Legrand. Ningún otro humorista podría conseguir tal prodigio.
“¡Viva la diferencia!” es la concreción de un largo trabajo de la autora sobre las cualidades que nos distinguen a hombres y mujeres en todas las edades. Y en tal sentido se emparenta con una serie de libros que pretenden entregar las claves secretas para una mejor convivencia entre los géneros, como aquel de que las mujeres son de Venus y los hombres vaya uno a saber. En todos, incluido el de Pilar Sordo, abundan las obviedades y las vagas especulaciones, tanto que cualquier comentario machista de un grupo de amigos, en el bar el viernes por la noche, puede entenderse como un estudio cualitativo del comportamiento humano. Las mujeres son lloronas, las mujeres son malas conductoras, las mujeres no comprenden a los hombres. En el otro lado del espejo, en una mesa contigua en el mismo bar, las chiquillas emancipadas enarbolarán sesudas teorías para estigmatizar a sus adversarios: los hombres son animales, los hombres son bebés crecidos, los hombres no comprenden a las mujeres.
Y ahí tiene usted material para un nuevo libro. Considere además que existe un público amplio dispuesto a creer en sus conclusiones, e inclinarse hacia aquel título en una librería. De seguro no habrá sido la intención de la autora, pero la lectura de su texto nos remite a una concepción machista de la sociedad, en que la mujer – por ser tratada como un ser más sensible, más etéreo y “mágico” – queda en una posición inferior, disminuida con respecto al hombre.
Sin restarle mérito al libro ni al estudio de Pilar Sordo, cualquier intento de establecer rasgos distintivos entre hombres y mujeres, suele reducirse a generalidades que pueden ser tan valederas como disparatadas. El mismo subtítulo del volumen, “La magia en el ser mujer, la realidad en el ser hombre”, que es parte fundamental de la argumentación de la profesional, puede entenderse como una tremenda injusticia a las mujeres que sí son realistas y a los hombres soñadores y embriagados con la magia.
Sin embargo, se lee, y bien. Porque se aprecia un gran sentido del humor, una aguda observación de las conductas, obsesiones y manías de ambos sexos y porque la autora sabe que en estas páginas sólo hay una aproximación a las armas en la guerra de los sexos. Es decir, y volvemos al principio, el mejor futuro que se vislumbra para Pilar Sordo es la de una notable guionista de Coco Legrand o cualquier otro comediante que pueda interpretarla con habilidad. Aunque este último todavía no nace.
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PILAR SORDO : "NO QUIERO CRECER"
(Nuevo libro de Pilar Sordo Bienvenido Dolor)
El exitoso libro de la psicóloga Pilar Sordo:No quiero crecer
La nueva sexualidad a los 15 años.
A esta edad los adolescentes sufren un remezón que afecta su desarrollo emocional y su conducta sexual. En este libro "No quiero crecer", la psicóloga Pilar Sordo describe esta etapa como un "terremoto" que pone a prueba los valores y la demarcación de límites. Aquí puedes leer las tres escalas del terremoto que propone. (ver)

Primera escala: La barrera del pudor
Hace unos años comenzó a ponerse de moda en varios colegios de Santiago y regiones el llamado "juego de las pulseritas" según la psicóloga Pilar Sordo. Aparentemente inocente y divertida, esta práctica ganó especial popularidad entre las niñas y niños de los últimos años de enseñanza básica y algunos de los primeros años de educación media. Su dinámica gira en torno a unas pulseritas de colores que las niñas se hacen con hilos de bordar y que se ponen en la muñeca con la misión de entregarlas a todos los compañeros con quienes se besarán durante una reunión o en alguna fiesta de colegio. Su reglamento es simple: La niña que logra desprenderse de más pulseras -que besa a más compañeros- gana el juego. Se convierte en la más popular porque los hilitos con su color distintivo ahora los lucen como trofeos, otros adolescentes, de los que la mayoría de las veces, apenas conocen el nombre.
Según Pilar Sordo, estas pulseritas -ya convertidas en un panorama del carrete pre-quinceañero- evidencian la forma explosiva en que los adolescentes han comenzado a traspasar, a edades cada vez más tempranas, la barrera del pudor.
Esta dinámica demuestra el poco valor que le entregan al acto de besarse, que bajo estos códigos se transforma en una práctica divertida, sin trasfondo. Más que un acto importante en su desarrollo sexual y emocional, se convierte en una búsqueda de sensaciones o de adrenalina.
Para la psicóloga, que describe este fenómeno en su nuevo libro, "No quiero crecer" (Editorial Norma), que se lanzará estos días, el pudor es clave para el desarrollo de la sexualidad de los adolescentes. El pudor comienza a vivirse junto con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, aquellos que los distinguen, pero no son directamente parte del sistema reproductor (caderas y pechos en las mujeres; músculos y vello facial en los hombres). Esta etapa -que actualmente se inicia al final de los 11 años y al comienzo de los 12- provoca que se sientan y se vean distintos. La primera reacción es que niños y niñas comiencen a resguardarse, a taparse y, en la gran mayoría de los casos, a avergonzarse. El problema surge en la medida en que los adolescentes cambian, a la velocidad del rayo, la vergüenza por la desinhibición. Y eso, asegura Pilar Sordo, se evidencia primero en las mujeres y más tardíamente en los hombres. "Todo esto se hace evidente a los 13 años, cuando muchas niñas empiezan a tener un cuerpo de mujeres en una estructura mental que sigue siendo infantil. Entonces comienza el tema de jugar con estas características, probar con cuánto muestran y cuánto no muestran, y su actitud frente al pudor se trastoca. Sienten que mantener el pudor es una cosa medio ridícula, pero que en cambio es una osadía mostrar. Esta actitud está ligada con la sobreerotización de la sociedad, donde la mujer es más mujer en la medida en que tiene más busto".
En el caso de los hombres, este juego tiene un aspecto más conductual que corporal. Dice que la osadía masculina está en el empezar a conquistar, en vencer el pudor a nivel de personalidad. "Más que mostrar su cuerpo, ellos se preocupan más de conquistar, de mostrarse lo más machos posible y empiezan a trabajar su cuerpo para sentirse atractivos desde ese ámbito".
En la medida en que esto ocurre es inevitable que niños y niñas terminen encontrándose en un juego donde se potencian. Mientras estas niñas-mujeres se muestran más, los niños cambian sus conductas para conquistarlas. Aparecen los códigos de conquista sexual, un crecimiento adolescente impaciente y adelantado. Esto ocurre porque hay difusión en los límites; no está claro qué se hace a los 13 años, cuánto se seduce, cómo se conquista. "Esas situaciones corresponden a otra edad, y traspasar ese límite a la larga sólo genera daño. De hecho, yo planteo que en los cursos de séptimo y octavo básico no se debería pololear. A esa edad su misión debe estar más enfocada con establecer códigos de lealtad en las amistades, más que códigos de uno a uno en términos de relación de pareja", explica la psicóloga.
Para Pilar Sordo, como a esta edad los niños actúan muy instintivamente y no tienen un código emocional muy grande ni menos valórico, el concepto de autocuidado es clave. Puede marcar la diferencia en esta escala de desarrollo emotivo y sexual. El autocuidado es la salida, el fin de esta escala.
"Es la única manera de prevenir, pero requiere de tres cosas clave: una es la evaluación del riesgo, otra es el establecimiento de un código valórico que te permita protegerte y el otro tiene que ver con la incorporación de factores emocionales dentro de este repertorio erótico nuevo. Lograr que los niños manejen este concepto sólo depende de los padres, quienes deben haberlo trabajado desde el inicio de su crianza. Enseñazas como que nadie lo puede tocar, que tienen que respetarse a sí mismos, controlar sus instintos. Y eso, que en este momento se deposita en lo sexual, debió centrarse a los cinco años con las pataletas, o a los tres años para controlarle el sueño o los esfínteres. Al final, el cómo los papás codifiquen ese proceso de aprendizaje no es independiente de cómo va a llegar a codificar su conducta sexual en la adolescencia. Es una malla que empieza a agarrar redes distintas".
Segunda Escala: Los peligros de la invulnerabilidad
En su libro Pilar Sordo asegura que actualmente los adolescentes tienen un exceso de información sobre el sexo y la sexualidad finalmente termina por servirles de nada. Dice que en sus conversaciones con estos niños ha comprendido que "todos los conocimientos que ellos manejan en relación a cómo cuidarse en términos de mecanismos de anticoncepción, no los usan porque asumen que nunca van a vivir una situación tan extrema, y si la vivieran, tampoco van a correr ningún riesgo porque no les va a pasar nada".
Precisamente esta errónea convicción de seguridad -"de que no les va a pasar nada"- es una característica central de esta etapa de la adolescencia. Se conoce como principio de invulnerabilidad y está directamente relacionado con sus estructuras mentales y neurológicas propias de su edad, porque hay ciertas partes del cerebro que se bloquean en la evaluación de los riesgos. Lo natural es que esto vaya desapareciendo a medida que crecen. Pero como en la actualidad muchos adolescentes también desarrollan una temprana relación con el alcohol, este principio de invulnerabilidad crece y se extiende por un periodo más extenso de lo normal. Eso aumenta el riesgo. Se extiende la idea de que las cosas les pueden pasar a otros, pero no a ellos.
"La mayoría de los adolescentes debe asumir el miedo a la experimentación de conductas adultas de una manera positiva o negativa, dependiendo de su elección. Si lo viven de una manera positiva, el miedo va a ser un factor protector, que les va a decir que no se pueden meter en situaciones riesgosas porque van a salir dañados. Pero el problema surge porque en la actualidad el miedo no se enfrenta con esa mirada. Ya no está visto como un factor protector, sino como algo que hay que traspasar, que hay que avasallar. Ahora el miedo se vive en la medida en que se vence. Hoy, mayoritariamente los niños de 14 años valoran más al que dice que sí ante una conducta riesgosa que el que dice valientemente no para protegerse. Ése es el perno", explica la psicóloga.
Bajo esta perspectiva de riesgo mal enfocado, el tema sexual adquiere una perspectiva diferente. La explicación de Pilar Sordo es que durante la adolescencia son tantas las variables que hay que manejar en la vida cotidiana, son tantos los miedos con los que los niños tienen que enfrentarse -subirse a una micro por primera vez, poder andar de noche, experimentar situaciones sociales donde ven a otros consumir drogas, etc.-, que los adolescentes no están preparados para incorporar además un tema con tanta energía propia como el sexual. "Así, al adelantar su iniciación sexual, entre las niñas se desvirtúa el concepto de virginidad y muchas veces inician prácticas para las que no están preparadas como el sexo oral".
"Creo que hay un tema ahí que se debe reflexionar socialmente, sobre todo entre quienes creemos en el concepto de la espera, la espera en la madurez, la espera en el compromiso para poder entregar esta parte mía, porque evidentemente esa persona, me guste o no, formará parte de la memoria emocional. Creo que le hemos ido perdiendo el valor al concepto de espera, a pesar de que hay un grupo grande de jóvenes, de mujeres y hombres, que lo siguen valorando como algo importante, pero que no se atreven a decirlo, porque son castigados socialmente, al tratarse de un tema antiguo, un tema que aparentemente no tiene sentido. Y en eso los padres tenemos la responsabilidad de hacerles soñar con ese concepto, tanto a hombres como a mujeres", explica en su libro.
Para la especialista, la mejor manera para que los padres combatan la errónea percepción del principio de invulnerabilidad es que controlen los límites y resguarden el espacio protector de los hijos. Que expliquen claramente cuáles son los factores de riesgo a los que no están dispuestos que se sometan o vivan. Y eso pasa por su autonomía. "A los quince años los niños no deberían ser tan autónomos. Deberían tener una hora límite clara para carretear, y menos hacerlo en horarios nocturnos ni en discoteques, porque en esos espacios hay más riesgos. Además los papás deberían tener un control sobre las amistades de sus hijos. Deberían indicar las variables de control y las situaciones de riesgos de las cuales están protegiendo a sus hijos".
Tercera escala: El costo de la impaciencia
Para Pilar Sordo, la impaciencia adolescente es otra característica que define y determina el acercamiento de las nuevas generaciones a la sexualidad. Dice que estamos frente a pre-quinceañeros que quieren experimentar sensaciones con rapidez y con la excusa de que eso los hace sentir más vivos, más grandes. "Tiene que ver con la conexión, con la adrenalina, con el que desaparezcan las angustias, las responsabilidades. Pero este deseo de vivir al máximo inevitablemente se entrecruza con la imprudencia, con la pérdida de control, con la ignorancia de lo que se está experimentando".
Esta impaciencia inevitablemente está asociada con la sensación de invulnerabilidad. Es el paso siguiente de ese estado. En la medida en que los adolescentes pierden el miedo, que se sienten seguros ante el riesgo, que malinterpretan su autonomía, la ansiedad por experimentar crece y genera que se cometan conductas basadas en la impaciencia.
Además, aclara Pilar Sordo, esta sensación de experimentar también es provocada por otras estructuras sociales bastante más complejas que ejercen presión sobre los adolescentes. "Esta generación, a la que apellido "banda ancha", está determinada por un sentimiento de rapidez para todo; para ellos todo tiene que ser instantáneo, todo tiene que ocurrir en el momento, sin procesos largos. Y eso es algo que replican de lo que sucede dentro de hogares donde ya no se cocina sino que se compra la comida hecha, en los que todo se encarga por teléfono o por el computador. Ante esa realidad, estos niños, que no tienen su personalidad e identidad aún estructurada prenden como pasto seco".
Entonces, si a esta impaciencia también se suman las anteriores etapas -la pérdida de la barrera del pudor, la falta de autocuidado- no es de extrañar que un gran porcentaje de adolescentes actualmente tenga su primera relación sexual tempranamente, sin mayor conciencia de lo que están haciendo. Se inician en una sexualidad que, en la gran mayoría de los casos, no está asociada al afecto, sino sólo a la práctica.
"El resultado es que los adolescentes empiezan a sentir interiormente grandes cuotas de angustia, sobre todo las mujeres, porque ellas están por naturaleza más intrínsecamente hechas para asociar o mezclar lo emocional, y se les obliga a disociarlo, porque o están bebidas o porque así hay que hacerlo. El tema es que ni siquiera dejan espacio para una conquista larga. O se adelanta ella a decirle que le gusta, o se adelanta él, o se besan antes de conversar. El tema es ir saltándose etapas lo más rápido posible, para avanzar. ¿Hacia dónde? Ni siquiera ellos lo tienen claro, pero el punto es que están avanzando", dice la psicóloga.
Para poner freno a esta impaciencia, los mecanismos de control de los padres son clave. "Si los papás no atrincan, no ajustan y no aprietan, de aquí en adelante costará un triunfo. Fundamentalmente hay que tratar de poner límites de horario, conocer a los amigos de los hijos, algo más que sólo el nombre, tener acceso a las redes tecnológicas que maneja -fotolog, facebook, twitter, etc.-, saber cómo las viven y cómo las experimentan".
La especialista aclara que es muy importante que los padres comprendan que esto sucede en un trasfondo de deberes y derechos.
"Hoy los niños tienen más conciencia de lo segundo. En la medida en que los padres instauran esta conciencia, enseñan códigos valóricos a sus hijos y guiarlos para que se dejen de regir por lo instintivo, la estructura para resistir este remezón estará mejor preparada".
Mas de Pilar Sordo:Lecciones de Seduccion, Viva la Diferencia
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La nueva sexualidad a los 15 años.
A esta edad los adolescentes sufren un remezón que afecta su desarrollo emocional y su conducta sexual. En este libro "No quiero crecer", la psicóloga Pilar Sordo describe esta etapa como un "terremoto" que pone a prueba los valores y la demarcación de límites. Aquí puedes leer las tres escalas del terremoto que propone. (ver)

Primera escala: La barrera del pudor
Hace unos años comenzó a ponerse de moda en varios colegios de Santiago y regiones el llamado "juego de las pulseritas" según la psicóloga Pilar Sordo. Aparentemente inocente y divertida, esta práctica ganó especial popularidad entre las niñas y niños de los últimos años de enseñanza básica y algunos de los primeros años de educación media. Su dinámica gira en torno a unas pulseritas de colores que las niñas se hacen con hilos de bordar y que se ponen en la muñeca con la misión de entregarlas a todos los compañeros con quienes se besarán durante una reunión o en alguna fiesta de colegio. Su reglamento es simple: La niña que logra desprenderse de más pulseras -que besa a más compañeros- gana el juego. Se convierte en la más popular porque los hilitos con su color distintivo ahora los lucen como trofeos, otros adolescentes, de los que la mayoría de las veces, apenas conocen el nombre.
Según Pilar Sordo, estas pulseritas -ya convertidas en un panorama del carrete pre-quinceañero- evidencian la forma explosiva en que los adolescentes han comenzado a traspasar, a edades cada vez más tempranas, la barrera del pudor.
Esta dinámica demuestra el poco valor que le entregan al acto de besarse, que bajo estos códigos se transforma en una práctica divertida, sin trasfondo. Más que un acto importante en su desarrollo sexual y emocional, se convierte en una búsqueda de sensaciones o de adrenalina.
Para la psicóloga, que describe este fenómeno en su nuevo libro, "No quiero crecer" (Editorial Norma), que se lanzará estos días, el pudor es clave para el desarrollo de la sexualidad de los adolescentes. El pudor comienza a vivirse junto con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, aquellos que los distinguen, pero no son directamente parte del sistema reproductor (caderas y pechos en las mujeres; músculos y vello facial en los hombres). Esta etapa -que actualmente se inicia al final de los 11 años y al comienzo de los 12- provoca que se sientan y se vean distintos. La primera reacción es que niños y niñas comiencen a resguardarse, a taparse y, en la gran mayoría de los casos, a avergonzarse. El problema surge en la medida en que los adolescentes cambian, a la velocidad del rayo, la vergüenza por la desinhibición. Y eso, asegura Pilar Sordo, se evidencia primero en las mujeres y más tardíamente en los hombres. "Todo esto se hace evidente a los 13 años, cuando muchas niñas empiezan a tener un cuerpo de mujeres en una estructura mental que sigue siendo infantil. Entonces comienza el tema de jugar con estas características, probar con cuánto muestran y cuánto no muestran, y su actitud frente al pudor se trastoca. Sienten que mantener el pudor es una cosa medio ridícula, pero que en cambio es una osadía mostrar. Esta actitud está ligada con la sobreerotización de la sociedad, donde la mujer es más mujer en la medida en que tiene más busto".
En el caso de los hombres, este juego tiene un aspecto más conductual que corporal. Dice que la osadía masculina está en el empezar a conquistar, en vencer el pudor a nivel de personalidad. "Más que mostrar su cuerpo, ellos se preocupan más de conquistar, de mostrarse lo más machos posible y empiezan a trabajar su cuerpo para sentirse atractivos desde ese ámbito".
En la medida en que esto ocurre es inevitable que niños y niñas terminen encontrándose en un juego donde se potencian. Mientras estas niñas-mujeres se muestran más, los niños cambian sus conductas para conquistarlas. Aparecen los códigos de conquista sexual, un crecimiento adolescente impaciente y adelantado. Esto ocurre porque hay difusión en los límites; no está claro qué se hace a los 13 años, cuánto se seduce, cómo se conquista. "Esas situaciones corresponden a otra edad, y traspasar ese límite a la larga sólo genera daño. De hecho, yo planteo que en los cursos de séptimo y octavo básico no se debería pololear. A esa edad su misión debe estar más enfocada con establecer códigos de lealtad en las amistades, más que códigos de uno a uno en términos de relación de pareja", explica la psicóloga.
Para Pilar Sordo, como a esta edad los niños actúan muy instintivamente y no tienen un código emocional muy grande ni menos valórico, el concepto de autocuidado es clave. Puede marcar la diferencia en esta escala de desarrollo emotivo y sexual. El autocuidado es la salida, el fin de esta escala.
"Es la única manera de prevenir, pero requiere de tres cosas clave: una es la evaluación del riesgo, otra es el establecimiento de un código valórico que te permita protegerte y el otro tiene que ver con la incorporación de factores emocionales dentro de este repertorio erótico nuevo. Lograr que los niños manejen este concepto sólo depende de los padres, quienes deben haberlo trabajado desde el inicio de su crianza. Enseñazas como que nadie lo puede tocar, que tienen que respetarse a sí mismos, controlar sus instintos. Y eso, que en este momento se deposita en lo sexual, debió centrarse a los cinco años con las pataletas, o a los tres años para controlarle el sueño o los esfínteres. Al final, el cómo los papás codifiquen ese proceso de aprendizaje no es independiente de cómo va a llegar a codificar su conducta sexual en la adolescencia. Es una malla que empieza a agarrar redes distintas".
Segunda Escala: Los peligros de la invulnerabilidad
En su libro Pilar Sordo asegura que actualmente los adolescentes tienen un exceso de información sobre el sexo y la sexualidad finalmente termina por servirles de nada. Dice que en sus conversaciones con estos niños ha comprendido que "todos los conocimientos que ellos manejan en relación a cómo cuidarse en términos de mecanismos de anticoncepción, no los usan porque asumen que nunca van a vivir una situación tan extrema, y si la vivieran, tampoco van a correr ningún riesgo porque no les va a pasar nada".
Precisamente esta errónea convicción de seguridad -"de que no les va a pasar nada"- es una característica central de esta etapa de la adolescencia. Se conoce como principio de invulnerabilidad y está directamente relacionado con sus estructuras mentales y neurológicas propias de su edad, porque hay ciertas partes del cerebro que se bloquean en la evaluación de los riesgos. Lo natural es que esto vaya desapareciendo a medida que crecen. Pero como en la actualidad muchos adolescentes también desarrollan una temprana relación con el alcohol, este principio de invulnerabilidad crece y se extiende por un periodo más extenso de lo normal. Eso aumenta el riesgo. Se extiende la idea de que las cosas les pueden pasar a otros, pero no a ellos.
"La mayoría de los adolescentes debe asumir el miedo a la experimentación de conductas adultas de una manera positiva o negativa, dependiendo de su elección. Si lo viven de una manera positiva, el miedo va a ser un factor protector, que les va a decir que no se pueden meter en situaciones riesgosas porque van a salir dañados. Pero el problema surge porque en la actualidad el miedo no se enfrenta con esa mirada. Ya no está visto como un factor protector, sino como algo que hay que traspasar, que hay que avasallar. Ahora el miedo se vive en la medida en que se vence. Hoy, mayoritariamente los niños de 14 años valoran más al que dice que sí ante una conducta riesgosa que el que dice valientemente no para protegerse. Ése es el perno", explica la psicóloga.
Bajo esta perspectiva de riesgo mal enfocado, el tema sexual adquiere una perspectiva diferente. La explicación de Pilar Sordo es que durante la adolescencia son tantas las variables que hay que manejar en la vida cotidiana, son tantos los miedos con los que los niños tienen que enfrentarse -subirse a una micro por primera vez, poder andar de noche, experimentar situaciones sociales donde ven a otros consumir drogas, etc.-, que los adolescentes no están preparados para incorporar además un tema con tanta energía propia como el sexual. "Así, al adelantar su iniciación sexual, entre las niñas se desvirtúa el concepto de virginidad y muchas veces inician prácticas para las que no están preparadas como el sexo oral".
"Creo que hay un tema ahí que se debe reflexionar socialmente, sobre todo entre quienes creemos en el concepto de la espera, la espera en la madurez, la espera en el compromiso para poder entregar esta parte mía, porque evidentemente esa persona, me guste o no, formará parte de la memoria emocional. Creo que le hemos ido perdiendo el valor al concepto de espera, a pesar de que hay un grupo grande de jóvenes, de mujeres y hombres, que lo siguen valorando como algo importante, pero que no se atreven a decirlo, porque son castigados socialmente, al tratarse de un tema antiguo, un tema que aparentemente no tiene sentido. Y en eso los padres tenemos la responsabilidad de hacerles soñar con ese concepto, tanto a hombres como a mujeres", explica en su libro.
Para la especialista, la mejor manera para que los padres combatan la errónea percepción del principio de invulnerabilidad es que controlen los límites y resguarden el espacio protector de los hijos. Que expliquen claramente cuáles son los factores de riesgo a los que no están dispuestos que se sometan o vivan. Y eso pasa por su autonomía. "A los quince años los niños no deberían ser tan autónomos. Deberían tener una hora límite clara para carretear, y menos hacerlo en horarios nocturnos ni en discoteques, porque en esos espacios hay más riesgos. Además los papás deberían tener un control sobre las amistades de sus hijos. Deberían indicar las variables de control y las situaciones de riesgos de las cuales están protegiendo a sus hijos".
Tercera escala: El costo de la impaciencia
Para Pilar Sordo, la impaciencia adolescente es otra característica que define y determina el acercamiento de las nuevas generaciones a la sexualidad. Dice que estamos frente a pre-quinceañeros que quieren experimentar sensaciones con rapidez y con la excusa de que eso los hace sentir más vivos, más grandes. "Tiene que ver con la conexión, con la adrenalina, con el que desaparezcan las angustias, las responsabilidades. Pero este deseo de vivir al máximo inevitablemente se entrecruza con la imprudencia, con la pérdida de control, con la ignorancia de lo que se está experimentando".
Esta impaciencia inevitablemente está asociada con la sensación de invulnerabilidad. Es el paso siguiente de ese estado. En la medida en que los adolescentes pierden el miedo, que se sienten seguros ante el riesgo, que malinterpretan su autonomía, la ansiedad por experimentar crece y genera que se cometan conductas basadas en la impaciencia.
Además, aclara Pilar Sordo, esta sensación de experimentar también es provocada por otras estructuras sociales bastante más complejas que ejercen presión sobre los adolescentes. "Esta generación, a la que apellido "banda ancha", está determinada por un sentimiento de rapidez para todo; para ellos todo tiene que ser instantáneo, todo tiene que ocurrir en el momento, sin procesos largos. Y eso es algo que replican de lo que sucede dentro de hogares donde ya no se cocina sino que se compra la comida hecha, en los que todo se encarga por teléfono o por el computador. Ante esa realidad, estos niños, que no tienen su personalidad e identidad aún estructurada prenden como pasto seco".
Entonces, si a esta impaciencia también se suman las anteriores etapas -la pérdida de la barrera del pudor, la falta de autocuidado- no es de extrañar que un gran porcentaje de adolescentes actualmente tenga su primera relación sexual tempranamente, sin mayor conciencia de lo que están haciendo. Se inician en una sexualidad que, en la gran mayoría de los casos, no está asociada al afecto, sino sólo a la práctica.
"El resultado es que los adolescentes empiezan a sentir interiormente grandes cuotas de angustia, sobre todo las mujeres, porque ellas están por naturaleza más intrínsecamente hechas para asociar o mezclar lo emocional, y se les obliga a disociarlo, porque o están bebidas o porque así hay que hacerlo. El tema es que ni siquiera dejan espacio para una conquista larga. O se adelanta ella a decirle que le gusta, o se adelanta él, o se besan antes de conversar. El tema es ir saltándose etapas lo más rápido posible, para avanzar. ¿Hacia dónde? Ni siquiera ellos lo tienen claro, pero el punto es que están avanzando", dice la psicóloga.
Para poner freno a esta impaciencia, los mecanismos de control de los padres son clave. "Si los papás no atrincan, no ajustan y no aprietan, de aquí en adelante costará un triunfo. Fundamentalmente hay que tratar de poner límites de horario, conocer a los amigos de los hijos, algo más que sólo el nombre, tener acceso a las redes tecnológicas que maneja -fotolog, facebook, twitter, etc.-, saber cómo las viven y cómo las experimentan".
La especialista aclara que es muy importante que los padres comprendan que esto sucede en un trasfondo de deberes y derechos.
"Hoy los niños tienen más conciencia de lo segundo. En la medida en que los padres instauran esta conciencia, enseñan códigos valóricos a sus hijos y guiarlos para que se dejen de regir por lo instintivo, la estructura para resistir este remezón estará mejor preparada".
Mas de Pilar Sordo:Lecciones de Seduccion, Viva la Diferencia
Lee los comentarios y deja los tuyos que también son importantes.
A lo mejor te pueden interesar ver bajo la etiqueta "Ayuda para Padres" donde podràs leer entre otros temas: "Los seis trucos que usan los adolescentes para pedir permiso"; Bullying: ¿Què hacer cuando su hijo es el Matòn de la clase"?; "Como conversar de la pubertad con nuestros hijos", Una reuniòn de apoderados y el Bullying entre otros
PILAR SORDO 2010 ¿PORQUE LOS ADOLESCENTES NO QUIEREN SER ADULTOS?
Esa es la pregunta que se hace esta famosa psicóloga en su libro, una aguda radiografía sobre las consecuencias de la mala vida que los adultos están legando a sus hijos. Ahí desfila una nutrida fauna surgida de este erróneo modelo: desde los llamados jóvenes on off, que quieren todo instantáneo, a los bumeráng, que se van de la casa de los padres para regresar apenas viven el primer conflicto. Sin pelos en la lengua, aquí nos explica más.
Un acto de amor siente Pilar Sordo que fue dar a luz el libro No Quiero Crecer. Viva la Diferencia para Padres con Hijos Adolescentes (Editorial Norma). Este trabajo fue hecho durante su proceso de duelo luego de la muerte de su pareja a causa de cáncer, a quien dedica conmovedoramente esta obra. “Gracias a Óscar, el amor de mi vida, que me impulsó y me obligó a comprometerme con él, dos días antes de que partiera, a terminar este libro antes de septiembre. Gracias (…) por mostrarme que el amor también puede existir más allá de la vida misma”. Eso dice en las páginas de su nueva apuesta, luego del éxito de Viva la Diferencia, un libro en el que indagó acerca de las particularidades de lo masculino y lo femenino, así como en las complementariedades entre ambos géneros.
–¿Qué ha significado hacer este trabajo estando en un momento tan complejo?
–El proceso que estoy viviendo es superdoloroso y me ha permitido fortalecerme interiormente en un montón de aspectos. He intentado vivir esto con lamayor dignidad de la que soy capaz. Le prometí a Oscar que yo iba a tener listo el libro antes de mi cumpleaños, que fue en octubre. Lo terminé a finales de septiembre, pero la verdad es que no fue fácil. Tuve ayuda incluso de una periodista maravillosa, porque mi mayor problema fue a nivel emocional: procesar la información, con el dolor que tengo encima, me resultaba muy complicado. Por eso siento que este libro se convirtió en un gesto no solamente hacia él, sino hacia mis hijos y sus hijos. Fue demostrarles que también desde el dolor se pueden generar cosas nuevas.
Pero, más allá de este escenario íntimo, se trata de un libro que ella sintió que era urgente ante una realidad con la que le toca estar en contacto gracias a trabajar con jóvenes: en gran medida los ve con miedo a mirar al futuro debido a todo lo que los adultos les transmiten acerca de la vida. “No les estamos dando la idea de que vivir es grato, sino de cansancio, de esfuerzo, con una connotación negativa. El tema es quejarse todo el día de lo que hacemos, en vez de valorar o agradecer las maravillas que vivimos. Es algo alarmante, que sucede independiente de la condición económica, hoy absolutamente transversal en Chile”.
Añade: “Creo que tenemos que cambiar el switch y el eslogan debe ser ‘adultos felices, plenos y agradecidos’. Nos levantamos reclamando por haber despertado en vez de agradecer por haberlo hecho. Y eso, como testimonio de vida para un niño, es horroroso. Entonces, ¿cómo me piden a mí, adolescente, que empiece a mirar la vida como un desafío interesante? Por eso en vez de querer crecer, los jóvenes dicen: ‘Me voy a emborrachar, quiero borrarme por un rato’”.
–¿Y por qué los padres transmiten tan mala onda?
– Lo paradójico es que, a la larga, tampoco es un tema tan real, porque los adultos somos harto más felices de lo que decimos que somos, pero al contar lo que hacemos, el escenario es otro. Acá nadie cuenta nada bueno, porque sabe que va a venir otro a achacarle la onda. Si cuentan que se compran un auto, van a decirles que esa marca es gastadora y que da pocos kilómetros. Entonces para qué va a contar uno algo positivo. Al final, de lo que informamos no es de la realidad. Y eso los jóvenes lo sienten y les afecta. De ahí que no quieran crecer; para qué hacerlo si van camino a vivir de esa forma tan dura que los adultos les comunicamos.
–Dices que Chile es un país que tolera muy poco las diferencias. Desde este escenario, ¿qué ha sucedido con los jóvenes?
–Los adolescentes nos dan testimonio de mayor apertura y de tolerancia que sus padres. Pero, al mismo tiempo, por lo que reciben del mundo adulto, van cayendo en un juego en que ellos tampoco se toleran. Y sucede que muchos terminan no soportando al cabro que estudia mucho, al pokemón, al que tiene algún rasgo distinto. De alguna manera, el bullyng (maltrato o acoso entre estudiantes) está reflejando cómo ellos han ido canalizando la poca tolerancia del mundo adulto.
Educar virtudes
–¿Qué quieres decirles a los padres acerca de las diferencias que hay en sus hijos y la necesidad de respetarlas?
–Es que acá queremos ser todos iguales. Yo creo que el tema pasa por educar las virtudes. Creo que hablamos montones de los valores en esta sociedad, pero de virtudes no habla nadie. Y es algo superdistinto, porque los valores son algo ajeno a mí, que yo puedo tratar de compartir o no, pero las virtudes tienen que ver con un trabajo interno, que sale desde mí. La misión de los padres debe estar fundamentada en desarrollar las virtudes que tienen sus hijos. Y en ese proceso, por sí solos vamos a potenciar y respetar las diferencias.
–¿Cuál es la responsabilidad de los colegios? En algún momento los valores han quedado postergados porque se ha puesto el foco demanera extrema en el rendimiento académico.
–Creo que la educación en Chile se malogró cuando se reemplazó el concepto de `apoderado´ por el de `cliente´. No hay un compromiso de los padres con el proceso educativo, porque sienten que están pagando por un servicio, por lo tanto este tiene que ser bien respondido. Y como trabajo tanto para estos hijos, el colegio me tiene que responder a cosas que no soy capaz de hacer como padre. Y ahí nos estamos equivocando: yo elijo un colegio para que me ayude en la pega que yo tengo que hacer con mis hijos, no para que la haga por mí.
–Dices que hay muchos elementos de la vida moderna que dañan a la familia. ¿Cuáles son los que más atentan contra ella?
–No es que dañen en símismos; es el uso que les hemos dado a esos elementos. Creo que hoy tenemos unmundo que podríamos estar gozando por lo fácil que es:me refiero con eso desde la posibilidad de usar un tostador de pan hasta un remedio para el cáncer. Pero, a pesar de tener todo fácil y toda esa instantaneidad que es casi mágica, eso deteriora también los vínculos interpersonales. Al ser todo aparentemente tan descomplicado, a la larga dejamos de valorar las cosas profundas. Por ejemplo, hoy los viejos no tienen ninguna posibilidad de mirar fotos, porque nosotros, las generaciones más jóvenes, dejamos de imprimirlas. Ninguna familia se va a sentar frente al computador a mirar 548 fotos, y objetivamente antes éramos felices con 36. Por lo tanto, hoy yo tengo que desarrollar el acto de voluntad de imprimir las fotos para que mi abuelita las pueda ver.
– ¿Por qué piensas que en la familia la democracia no es un buen concepto?
–¿A quién se le ocurrió decir que la familia era una democracia? Jamás ha sido así. En la familia hay gente quemanda y otros que obedecen, y eso se hace para darles temple y formación valórica a nuestros hijos. Por lo tanto, yo no le puedo preguntar a un hijo si quiere o no ir a ver a su abuela. Él tiene que ir y punto, aunque vaya con mala cara. Es la única manera de que él se enfrente al desafío de conocer una experiencia que tiene que ver con la reconstitución de su propia historia y que él no va a ser capaz de establecer solo.
Beneficios de casados en mundo de solteros
–Hablas de hijos que están creciendo en habitaciones a puertas cerradas, sin espacios de encuentro. ¿Qué efectos tiene esta soledad de los adolescentes?
–Por ejemplo, la falta de habilidades sociales. Me impacta cómo esta generación de adolescentes no sabe conversar. Esto está sucediendo en todas partes, pero Chile es uno de los países más tecnologizados, porque como somos trancados emocionalmente y nos cuesta hablar, nos quedó fenomenal el email y el chat nos vino de perillas. Ya nunca más nadie se dijo nada de frente. Y eso, por supuesto, se potencia en nuestros hijos.
– Sostienes que los procesos que viven los adolescentes están adelantados por lomenos en dos años. ¿Por qué sucede esto?
– Es algo que tiene a los padres desconcertados y a los chiquillos también. Creo que hay un tema hormonal, estructural y físico que hace que los cambios se inicien antes en un cuerpo y una cabeza que no corresponden y eso genera un desajuste y una desarmonía importante. No sé si es por la alimentación, carga genética, factores culturales. Hasta la misma tecnología creo que los ha hecho evolucionar a nivel cerebral. Seguramente se les han activado circuitos neurológicos que nosotros jamás tuvimos. Yo todavía no entiendo cómo funciona un fax, para mí sigue siendo magia.
– Pasados los 24 años ya no sucede lo mismo, los procesos de ganar autonomía parecen estar ‘frenados’, tanto que hablas de la llamada generación canguro, de una adolescencia que se extiende casi hasta los 30 años: jóvenes que no emprenden vuelo porque están cómodos en casa y no tienen interés en volar por su cuenta.
– Claro, así está funcionando la generación canguro y la búmeran, que es la que se va de la casa y después regresa cuando le ha quedado algún desastre. Yo creo que eso también tiene que ver con el legado que les damos desde el mundo adulto: la poca posibilidad de que vean parejas felices o gente comprometida. Entonces, lo único que ellos quieren es plata para pasarlo bien, viajar, tener bonitos autos y casas, que las amueblan como departamentos pilotos para que pareciera que tienen un hogar. Pero a la larga les es más cómodo quedarse con los papás y tener, como digo yo, los privilegios de los casados y los beneficios de los solteros.
–¿Podemos cambiar este escenario? Al parecer hay una generación que en este aspecto ya está perdida...
–Yo entiendo que esta generación va a evolucionar positivamente. Creo que ellos van a ser tremendamente aprensivos como padres, en unmovimiento de péndulo que los va a llevar a hacer lo contrario que nosotros hicimos con ellos.
La importancia de ‘reparar’
–Todas estas generaciones que mencionas (la on off, la banda ancha, la búmeran) viven en el reinado del desecho, no tienen integrado el sentido de ‘reparación’ en sus relaciones humanas, así como no reparan lo que compran y se les echa a perder. Las relaciones humanas son para ellos desechables, así crecen las separaciones de pareja, por ejemplo.
– Lo clave es que los hijos vean a adultos que son capaces de ‘reparar’ y que, por lo tanto, en su función educativa los papás también les enseñemos eso. La idea es que aprendan a reparar los vínculos con los hermanos, los padres y los amigos. Eso se enseña en la casa: pegar un botón y lavar la zapatilla en vez de botarla es parte de ello.
– Afirmas que hay jóvenes que están rechazando el cariño y padres perdidos, no sabiendo cómo expresarlo. ¿Qué hacer?
–Hay que seguir insistiendo. Los adolescentes se quejan mucho de lo rápido que nos cansamos. Una mamá intenta abrazar a un adolescente y el niño le dice suéltame, mientras ella le responde: bueno, si no quieres que te abrace, no lo hago más. Uno no se puede cansar nunca de expresarles cariño a los hijos. Un adolescente a veces actúa así para tratar de poner límites en la configuración de su identidad, pero eso no significa que no necesite el abrazo. El tema es cuándo, porque obviamente no le gustará que lo hagas frente a los amigos.
–La vivencia de la sexualidad prematura es uno de los grandes temas que planteas. ¿Hasta dónde la prisa por el sexo puede perjudicarlos en su capacidad de ser plenos?
–Creo que hay que reencantar el concepto de sexualidad unido a lo afectivo. Siento, como digo en el libro, que los adolescentes están viviendo una sexualidad superinstintiva, propia de un mal entendimiento de la libertad: suponen, entrenados por nosotros, que ser libres es “hacer lo que yo quiero, por lo tanto si tengo ganas de tener sexo con tres, lo hago”. En ningúnmomento hay una evaluación emocional y valórica para pensar si eso está bien o mal, si va a dañar al otro. Esmuy importante la función que cumplimos los papás para enseñarles a pensar en relación a sus conductas sexuales. Si uno los observa en el cerro San Cristóbal un viernes en la tarde,más parecen una jauría de perros y a veces están incluso borrachos, porque el alcohol ha sido un elemento importante en la desinhibición sexual, y así se permiten una cantidad de juegos que si no, no harían jamás.
–Hay una frase muy linda en tu libro, recuerdas que “hay cosas que duran poco, pero pueden marcar toda la vida”... y te refieres a cómo a veces algo incluso fugaz puede cambiar a las personas para bien.
– Siento que hay un poder gigante al aprovechar la magia de los momentos. Cuando un hijo ve a su mamá haciéndole una torta para su cumpleaños, que es un momento que dura pocos minutos, eso va a forma parte de su memoria emocional, traduciendo ese gesto en el amor que su mamá le tenía. Hay cosas que no necesitan ser dichas y que más bien los padres tienen que empezar a actuarlas: que la tele se apague cuando se coma, que vayan todos juntos a visitar a los abuelos. Si veo que mi papá, en vez de llegar a la casa victimizándose como hace cada día, diciéndome que tiene el colon irritable porque trabaja tanto paramí, viene alegre y se sienta en el living a revisar una revista o a conversar conmigo, eso me cambia los circuitos. Son las sutilezas las que a la larga cambian las dinámicas.
por: Pía Rajevic
EXTRA: A los 44 años es encontrada muerta Pilar Donoso autora del libro "Correr el tupido velo", hija del escritor Jose Donoso (más de esta noticia)
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