El adelanto de la pubertad. Niñas en cuerpo de mujer

El inicio adelantado de la pubertad es hoy una realidad. La aparición del botón mamario, y de otros caracteres sexuales secundarios, sorprende a las menores con las muñecas en las manos y algunas no saben cómo enfrentarlo. Una tendencia del desarrollo que puede afectar las conductas personales y sociales de las niñas.

Se miran al espejo y no comprenden bien lo que les está pasando. Notan algo distinto en sus cuerpos que no encuentran en el de sus pares. Les incomoda un poco, pero no les disgusta tanto. En verdad, no saben qué pensar ni cómo actuar. Están confusas. Sólo quieren jugar, mientras los cambios físicos, poco a poco, las van esculpiendo: el botón mamario, un delicado vello púbico, curvas incipientes y hasta la primera regla las puede sorprender a los 11 años, 10, o quizá menos. Las muñecas por un lado, el desarrollo biológico por otro. La naturaleza las pone a prueba.

En EE.UU. y Europa la pubertad se está adelantando. Diversos estudios registran la manifestación temprana y progresiva de los primeros caracteres sexuales secundarios y/o un estirón prematuro que indican que el recorrido por la preadolescencia ha comenzado sin retorno: arranca con la aparición del tejido mamario (telarquia), seguido del vello púbico y concluye con la primera regla (menarquia). Si el anticipo de crecimiento de la mama se da en las niñas entre los 8 y 9 años se conoce como pubertad adelantada (dentro de la normalidad). Se considera precoz (patológico) cuando este desarrollo comienza antes de los 8 o, en el caso de los varones, a los 9.

En 1997, en EE.UU., destacan los datos publicados por la doctora Hermann-Giddens que demuestran que la telarquia ocurría a edades más tempranas. En Europa, estudios recientes admiten el desarrollo mamario precoz y sitúan la menarquia cercana a los 11,5 años, marcando el inicio de la capacidad reproductiva (se estima precoz a los 10).

En Chile este fenómeno se ha convertido en un motivo de consulta habitual. Un estudio de 2004 liderado por Ethel Codner, endocrinóloga infantil y profesora asociada del Instituto de Investigaciones Materno-Infantil de la Universidad de Chile, puso números a esta realidad en un trabajo centrado en alumnas de colegios de Santiago: si en 1998 la telarquia ocurría a los 10,7 años promedio, en 2004 sucedía a los 8,8. Además se concluyó que existe un alto porcentaje de niñas con telarquia aislada (variable única) antes de los 8.

“En los últimos años en este país se ha observado un adelanto de la aparición del botón mamario. Un 17% de las niñas inicia la telarquia entre los 7 u 8 años, siendo la edad promedio los 8,8. Sin embargo, la edad de la menarquia no se ha modificado en los últimos 30 años, lo que produce una prolongación del período que transcurre entre la telarquia y la primera menstruación”, explica Andreina Cattani, endocrinóloga infantil y docente de la Universidad Católica.

La endocrinóloga infantil Rossana Román, de la Clínica Santa María y del Hospital San Borja Arriarán, también recuerda que una cosa es que se adelante la telarquia y otra que se dé una pubertad precoz, puesto que esta última es un proceso evolutivo amplio que involucra varios eventos, como el desarrollo de genitales femeninos internos.
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Según los expertos, la genética y los estímulos ambientales son elementos causales del inicio más temprano del desarrollo puberal. La endocrinóloga infantil de la Clínica Las Condes Verónica Mericq detalla algunos: la nutrición, ciertos químicos o contaminantes del aire (como los insecticidas agropecuarios), la etnia y la localización geográfica, entre otros.

El peso en las niñas se da como la razón más plausible. La doctora Cattani, junto con recordar que en Chile cerca del 25% de los escolares tiene sobrepeso u obesidad, explica que “la desnutrición retrasa el comienzo de la pubertad, en cambio el sobrepeso y la obesidad la adelantan. El vínculo entre peso corporal e inicio de la pubertad puede estar mediado por hormonas secretadas en el tejido adiposo que favorecen este adelantamiento”. Así, los niños deben recibir una alimentación variada y sin excesos.

Aunque abunda la literatura que busca esclarecer el origen del problema, la doctora Román hace hincapié en las múltiples teorías que, dice, son meras sospechas. “Ninguna está probada. Creo que la obesidad es lo más razonable, porque las niñitas con desarrollo temprano que se ven en las consultas son, en general, rellenitas”. Además, agrega: “De cien niñas con pubertad precoz sólo una de ellas responde a un tumor y los 99 restantes no se sabe qué la produjo”.

Verónica (nombre ficticio) ha criado cuatro hijos con pubertad precoz, tres de ellas, mujeres. Descarta el factor genético, pero nunca logró saber por qué les tocó a sus niños. “Tenía 24 años cuando supe que mi primera hija tenía pubertad precoz, pero lo asumí nomás. Tampoco consideré que Catalina (nombre ficticio) era tan chica cuando le ocurrió. Con la segunda fue más complicado porque partió con una telarquia a los 5 años. La tuvimos en observación, pero a los 7 años ya era demasiado notorio. Un día la estoy bañando y me di cuenta de que tenía vello púbico. No era pelo grueso, pero sí más oscuro y largo. La tuve que llevar al endocrinólogo”, relata.

La radiografía de mano reveló crecimiento óseo acelerado y pubertad precoz. “Lo que más me preocupaba era que siendo tan niña le llegara la regla, porque en el fondo se le iba a acortar su niñez. La doctora me comentó de un medicamento inyectable del que se sabía poco (fue hace 12 años), por lo que me recomendó hacer nada. Al final menstruó a los 10 y mide 1.56, cuando pintaba para el metro setenta”, cuenta. Y agrega: “Ella no tuvo ningún rollo. Ni en el colegio. La mayor, en cambio, no es que lo haya tomado mal, pero no entendía lo que le sucedía... Con la menor me urgí bastante porque tenía 7 recién cumplidos cuando le diagnosticaron que la regla le llegaría a los 8 ó 9 años. Y me espanté. Pero lo asumí bien y mis niñas lo han tomado con total naturalidad”.

Por eso, las hijas de Verónica no necesitaron acudir al sicólogo, como ocurre con otras tantas niñas que se enfrentan a esta situación. “Algunas experimentan vergüenza y temor respecto a su cuerpo, dificultades de la percepción de sí mismas y en su autoconcepto”, cuenta Carola Álvarez, psiquiatra de la Unidad de Adolescencia de la Clínica Alemana.

Todo lo anterior puede influir negativamente en su autoimagen. Además investigaciones señalan que las niñas con pubertad precoz tendrían más posibilidades de sufrir retraimiento social, trastornos sicosomáticos o cuadros depresivos”.

Gabriela García, sicóloga de la Clínica Santa María, destaca que no todas viven este proceso de la misma manera. “A mí no me ha tocado ninguna con depresión. Sí con el ánimo bajo. Llegan porque están más aisladas o avergonzadas. Esto va a depender de la intervención del médico y de cada caso”. Y agrega: “Las que se avergüenzan empiezan a caminar más encorvadas, a taparse los pechos. Si tienen deporte en el colegio y están con la menstruación intentan pasar inadvertidas o, en los cumpleaños, no correr”.

En el comportamiento se pueden establecer ciertas diferencias de género. “Las niñas tienden a presentar mayores cuadros internalizantes (síntomas ansiosos o depresivos) y, los hombres, más los denominados externalizantes, como conductas impulsivas y/o agresivas”, comenta Álvarez.

Pero quienes peor lo llevan son los padres, y la sexualidad es uno de los puntos de fijación paterna cuando su hija es diagnosticada con pubertad precoz. La sicóloga García intenta derribar algunos mitos relacionados. “Uno de los temores más frecuentes es que el aumento de la libido las impulse a tener relaciones sexuales. Aquí no hay un descontrol de impulsos y en esto mucho tiene que ver la educación que reciban”.

Por eso, ante todo, calma. “Es esperable que los adultos respondan sus preguntas de forma clara y con un lenguaje sencillo, acorde a la edad”, dice Álvarez. A juicio de Cattani, lo mejor es prevenir. La niña debe ser observada hasta que complete su crecimiento para detectar cualquier alteración a tiempo.

Una vez diagnosticado el problema, y si así lo considera el médico, los padres cuentan con una herramienta eficaz frente a la pubertad precoz acelerada: las inyecciones de hormonas. Un tratamiento que puede durar unos dos años y cuesta 200 mil pesos. Dato que no pasa inadvertido para los padres que sienten que sus hijas son demasiado niñas para convertirse en mujer.
por: Paola Wächter La Tercera.

1 comentario:

  1. ami me paso a los 9 años y a mi prima a los 8 años igual yo siempre le digo q se cuide y q use forro x q siempre ase el pete con su novio

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