Siete claves para educar con personalidad

Más importante que el desarrollo de muchas destrezas que los padres hoy desean para sus hijos, es ayudarlos a que logren una personalidad sólida. Papás actuando en equipo y desplegando una “autoridad afectuosa” es una buena estrategia para alcanzar esta conquista. Eso postula el prestigioso siquiatra uruguayo Alexander Lyford-Pike. Próximo a visitar Chile, revela los pasos decisivos para ganar esta batalla.

“Veo a los niños y adolescentes desorientados, porque los padres no tienen una idea clara de lo que deben hacer con sus hijos, de cómo formarlos. Hay incertidumbre
de su parte y, al mismo tiempo, un gran aumento de la presión externa hacia sus vidas. Mientras, los chicos están recibiendo modelos foráneos en la casa, a través de los medios de comunicación, y no hay quien los filtre ni les diga esto está bien o mal, porque los padres no están en casa”. Es el diagnóstico que hace, desde Montevideo, Uruguay, el destacado siquiatra Alexander Lyford-Pike, próximo a viajar a Chile, invitado por la Fundación Mírame (www.fundacionmirame. cl), para ofrecer la conferencia Padres Firmes, Hijos Felices, este miércoles 5 de agosto en el Centro Cívico de Vitacura.
Director del Instituto de Psiquiatría de Montevideo, lleva casi dos décadas trabajando en una línea de apoyo a los padres, convencido de que estos están desorientados e inciertos y requieren ayuda para enfrentar la responsabilidad de educar. Hacerlo con firmeza y afecto a la vez resultará decisivo para que niños y jóvenes desarrollen una personalidad segura y sean felices, plantea este especialista. Asuntos que expone en dos libros, ambos best seller en Hispanoamérica. El primero de ellos, Ternura y Firmeza con los Hijos, editado por primera vez amediados de los 90, aún sigue siendo una obra de referencia para sicólogos y educadores. El último, del cual es coautor, llamado Hijos con Personalidad, Raíces y Alas (Editorial Universidad Católica), ha vendido sólo en Chile más de 40 mil ejemplares.

–¿Paradoja de la vida moderna es que en la época de los Derechos del Niño, donde nunca antes hubo tanto deseo de educar bien y hacer feliz a nuestra descendencia, los padres estén tan desorientados?
–Es que se está instaurando una tiranía de los hijos. Como si fueran ellos los que tienen que establecer las reglas del juego. Influye en esto el complejo de culpa que los padres pueden tener por no estar más en la casa. Eso los hace estar más ausentes de los problemas de sus niños. No pueden salir bien al cruce de las dificultades con claridad y decisión.
–Dice usted que el modelo de educación de una generación no sirve a la siguiente. ¿Qué es lo que quedó obsoleto de la generación pasada?
–Creo que eso varía mucho de acuerdo a cada país. Chile tiene unas características diferentes a las nuestras (a las de la gente del Río de la Plata). Algo vinculado a la sociedad chilena es que las generaciones anteriores son más formales, más centradas en el deber por el deber. Pero lo que hay que modificar, en general, es el formalismo y despotismo. Porque una puesta de límites o ejercicio de autoridad, si no va acompañada de afecto, de corazón, puede caer en una especie de autoritarismo. Y eso no es nada bueno.
–Habría que diferenciar claramente entonces firmeza de agresividad, cuestión que a veces se confunde.
–Claro, se va generando eso: que vivir sin marcar claramente los límites y actuar de manera muy permisiva tiene un margen y puede suceder que uno explote y pase a la agresividad. Se entra en un ejercicio de autoridad mal entendida, que es perjudicial y no conduce por buen camino por irrespetuosa, rígida e implacable.
–Esta mala comprensión del ejercicio de la autoridad haría daño al buen desarrollo de la personalidad del niño y adolescente. Es lo que plantea usted en su libro Hijos con Personalidad, Raíces y Alas.
–Lo que quiero recalcar, sin dejar de lado la importancia del buen ejercicio de la autoridad y del marcar límites de una manera afectuosa, cariñosa, es el objetivo de la educación: que los hijos tengan una personalidad serena, coherente y fuerte. Tenemos que prepararlos para un mundo en el que se están viviendo muchísimos cambios. Si un chico no logra tener una personalidad firme y sólida, ante un mundo globalizado con tanta transformación y con modelos de vida y personalidad que no provienen de la casa, se verá bastante amenazado. El libro plantea una manera de poder navegar los cambios en vez de sufrirlos. Que los hijos tengan una personalidad sólida, de modo que sepan hacia dónde tienen que ir, solamente se lo pueden inculcar sus progenitores. Si no los cambios a los que estamos enfrentados hoy como sociedad los van a sufrir muchísimo.
A continuación, el siquiatra revela aspectos fundamentales para educar con una personalidad segura, mediante algunas claves que todo padre debiera tener presentes.
1. Enseñar en positivo
Es un aspecto muy importante. “A veces se piensa que la función de los papás es solamente corregir, poner los límites, pero eso es la mitad de la película. La otra mitad, tan importante como ésta, es reforzar y estimular todas las cosas buenas que hacen los chicos. Uno tiene tendencia a ver como normal que un niño o joven estudie o le vaya bien en la escuela. El éxito a los hijos hay que reconocérselos, aunque sean logros “A veces se piensa que la función de los papás es solamente corregir, poner los límites, pero eso es la mitad de la película. La otra mitad, tan importante como ésta, es reforzar y estimular todas las cosas buenas que hacen los chicos”. pequeñitos. Eso debe hacerse toda la vida. Si no, el mensaje que les damos es que actuamos sólo cuando las cosas salen mal y los niños sienten que una forma de atraer la atención de los padres es cometiendo equivocaciones, lo cual es un mal mensaje”, señala el siquiatra. La idea, entonces, es que perciban que logran la atención de sus papás cuando hacen cosas buenas: eso los lleva a repetir esos actos, porque saben que sus padres van a quedar muy contentos.

2. Educar en valores y virtudes
“Es justamente lo que le da a una personalidad su firmeza y seguridad. Si uno tiene sus valores claros sobre la pareja, la familia, el respeto a la vida, el amor, la solidaridad, etcétera, hay que plantearlos continuamente en las distintas instancias de la vida familiar”, dice el médico. Los valores se transmiten continuamente en el hogar a través de conversaciones y actividades familiares. Por eso, hay que tener muy presente que una relación de pareja o familiar donde el trato es agresivo va a transmitir valores negativos. De ahí la importancia de que existan muy buenos gestos entre la pareja, por ejemplo, mostrándose cuidado el uno al otro. El doctor Lyford-Pike relata una experiencia que conoce: en una familia numerosa, cada vez que es el cumpleaños de uno de sus hijos, el padre le regala a su mujer un ramo de flores, dando el mensaje de que ella ha hecho una tarea muy importante hacia ese hijo y eso también hay que celebrarlo. Los pequeños y adolescentes deben ver en sus padres respeto y reconocimiento, es una forma de educar en esos valores.
3. Hablar claro, aprender a comunicarse
No darle vueltas a las cosas. Los mensajes hacia los hijos tienen que ser muy concretos y claros. Decirle, por ejemplo, a un hijo: “Haz tus tareas ahora”; “recoge los juguetes en este momento”. No mezclar estas instrucciones con otros temas. Son técnicas que ayudan a que la comunicación sea clara y directa. Si no, el mensaje llega diluido o confuso. Error es permitir la discusión y aceptar que el niño señale que no quiere, por ejemplo, recoger los juguetes porque lo hizo ayer y que cree que debe hacerlo, en vez de él, su hermana. En esos casos, solamente se debe repetir la instrucción: “Recoge los juguetes ahora”. La llamada “técnica del disco rayado”, es decir, la de repetir el mismo mensaje todas las veces que sea necesario, hasta que se entienda, es muy útil para alcanzar este objetivo. Con los adolescentes, eso sí, hay que aprender otro tipo de diálogo: la negociación. Conversar y establecer compromisos concretos y viables. Atender a sus requerimientos, dar algo, pero pedir también a cambio, haciéndoles ver otros compromisos o cuestiones que les correspondan.
4.Tener un reglamento familiar claro
Es muy importante dar tareas o pequeños encargos a los niños y jóvenes para estimular su sentido de responsabilidad, seguridad y otros valores. Y chequear que se cumplan. Reglamentar asimismo con los adolescentes, por ejemplo, que a cierta hora hay que estar en casa para cenar juntos. Normar que hay un momento para apagar las luces de la casa e ir a descansar. La hora en que se acuestan niños y jóvenes es esencial. “Di una conferencia hace un tiempo en Santiago, hablando de cómo había un descenso del rendimiento escolar de los adolescentes por el descuido del sueño. Se quedan chateando hasta la medianoche y tienen que levantarse a las 6 y media de la mañana. Un joven necesita nueve horas de sueño, de lo contrario no alcanza a reponerse. Hay que imponer normas con el ejemplo de uno: los chicos se acuestan tarde en las casas donde los padres hacen lo mismo”. Si no se duerme lo suficiente, el cerebro no recarga los neurotransmisores que sólo reproduce luego de varias horas de sueño (serotonina, dopamina y noradrenalina), que controlan los estados de ánimo. Por eso, en los jóvenes de hoy se ve gran tendencia a la depresión. Por la misma razón, dice el siquiatra, conviene quitar la TV y los computadores de las habitaciones. Ponerlos en espacios comunes ayuda, además, a generar dinámicas de encuentro.
5. Reuniones especiales.
Hacer reuniones o mantener conversaciones cuando suceden acontecimientos especiales en la familia. Por ejemplo, si vienen las vacaciones y hay posibilidad de un plan en común, especialmente con los adolescentes. Exponerles la idea y recoger opiniones para ponerse de acuerdo, negociando eventualmente. Se trata de buscar soluciones para objetivos concretos. O para enfrentar situaciones difíciles y dolorosas como la muerte de un ser querido. O frente a una “metida de pata” de alguno de los hijos. Todo eso merece reuniones especiales, como estrategia para buscar soluciones en común y compartir sucesos.
6. Aplicar planes de acción
Los padres deben conversar para ponerse de acuerdo acerca de cómo actuar frente a algún acontecimiento o problema. Ejemplo: si a un hijo le está yendo mal en el colegio, idear un plan, decidiendo si va a tener clases particulares o si va a ser necesario aplicar otra estrategia. No dejar los problemas al libre albedrío, sino que enfrentarlos planificadamente. “Gran parte de la educación está en adelantarse a los sucesos. Hay un dicho que dice, más vale llegar un año antes que un minuto después”.
7. Hechos más que palabras
Ser consecuentes con lo que decimos y aplicar técnicas de disciplina, si es necesario, para lograr objetivos. Generar complicidades con los hijos y transmitir valores con el propio ejemplo. Compartir con ellos. “Hay técnicas para esto, como el llamado “floor time”, que es el juego de los papás con sus pequeños en el suelo. Se aconseja 20 minutos diarios compartiendo así, pues da resultados muy positivos de proximidad entre padres e hijos. Con los adolescentes, en cambio, invitarlos a hacer algo que les guste, a comer algo rico, ir al cine, al fútbol y así lograr espacios de intimidad para estar juntos. Vivir estas complicidades alimenta el diálogo y el afecto. El lenguaje del niño es el juego, el del adolescente es la acción, tener aventuras entre padres e hijos es vital. Por ejemplo, una noche pasada juntos en una carpa, en vacaciones, establece mucho más complicidad y comunicación que 300 noches compartidas en la casa”.

por: Pía Rajevic

1 comentario:

  1. Soy docente de niños entre 6 a 12 años. Encuentro en esta exposición del Dr. Alexander Lyford Pyke, dada su alta experiencia en el campo de la Psiquiatría y Psicología infantil, una clara ayuda no sólo para los padres en lo que es la familia, el hogar, como "primera escuela" de formación, sino también para todos los docentes que estamos a diario en contacto con los hijos, dentro del ámbito escolar.
    Los siete items propuestos por el Dr. Lyford Pyke son herramientas precisas y aplicables a nivel aúlico, no solo como continuidad de la tarea formadora, afectiva de los padres hacia sus hijos sino también de los docentes hacia sus alumnos. Crearemos así una continuidad educativa en valores desde la familia hacia la escuela para lograr niños felices en el presente y hombres y mujeres maduros, responsables, con una personalidad segura, capaces de discernir con libertad lo que es bueno, justo y recto.
    Saber poner los límites a tiempo, dentro de un marco de diálogo y comprensión mutua es querer lo mejor para sus hijos, la mejor herencia que pueden dejarles sus padres.
    ¡¡Muchas gracias por este gran aporte!!Lita 41 años

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